
De todos es conocida la confianza que siempre tuvo el gran Johan Cruyff en los jóvenes valores de la cantera, tanto en Ajax como en Barcelona, no dudó un ápice en darle la oportunidad a cualquier talento que despuntase en las categorías inferiores y ahí están ejemplos claro como Guillermo Amor, Josep Guardiola o Sergi Barjuan entre muchos otros.
En 1995, El FC Barcelona comenzaba una nueva etapa, el mítico “Dream Team “finalizó en aquella famosa noche de Atenas ante el Milan de Fabio Capello y Cruyff intentó recomponer con fichajes como Ángel Cuellar, Meho Kodro, Luis Figo o Gica Popescu unido a la nueva hornada de La Masia, un equipo que no tenía tiempo material para madurar, dadas las exigencias de un club de tal dimensión como el azulgrana.
Así llegó “la quinta del mini” (en referencia al Mini Estadi), la formaban los hermanos Junyent Roger y Oscar, Jordi Cruyff (hijo de Johann), Toni Velamazán, Juan Carlos Moreno, Javi Moreno (que después triunfaría en el Alavés y llegaría a jugar sin éxito en las filas del Milan), Quique Álvarez o Arnau entre otros… El líder de aquella hornada era Iván De La Peña, un cantabro de 1.69, que llamaba la atención por su look, rapado al cero y sobre todo por un fútbol que dejaba boquiabierto al aficionado más experimentado.
Iván debutó en el estadio José Zorrilla en la primera jornada de la 95/96. Aquel partido fue recordado por su gran debut con gol incluido y por una lamentable lesión del ex bético Ángel Cuellar que afectó de manera decisiva el resto de su carrera futbolística.
Al día siguiente las portadas se hacían eco de la aparición del “pequeño buda”. Había nacido una estrella que ensombrecía a la otra gran joven estrella del fútbol nacional, Raúl González Blanco con quien coincidió para hacer diabluras en las categorías inferiores de la selección española y en 5 ocasiones en la absoluta.
De La Peña era un autentico prodigio del último pase, veía huecos donde nadie podía imaginarlos, su regate en corto era de una habilidad exquisita y además poseía precisión en el disparo Desde Laudrup no se veían en el Camp Nou unas asistencias mirando a la grada con esa naturalidad. Para el recuerdo su gol ante el Zaragoza desde el centro del campo que sacó los pañuelos de una grada que se frotaba los ojos.
Su meteórica carrera con Cruyff y posteriormente con Bobby Robson, que confió bastante en Iván y, aún más, al ver la asociación que formaba con el gran Ronaldo, se vio de repente frenada por la llegada de un entrenador de ideas fijas que en ningún momento apostó por el juego descarado de “lo pelat” (el pelado). Van Gaal prefería al brasileño Giovanni.
Louis e Iván jamás se llegaron a entender como tampoco con Javier Clemente, que no terminaba de confiar en él para la absoluta, dado que el mediapunta no defendía lo suficiente para su criterio futbolístico.
La afición del Camp Nou idolatraba a su canterano favorito, se ponía de pie cada vez que salía a calentar y lo despedía con ovaciones cerradas sin imaginar que muy pronto tendrían que verle partir al futbol italiano.
En 1998 salta la bomba. El Lazio adquiere un potencial económico brutal y con Sven Goran Eriksson de entrenador se lanzan a por su contratación. 2500 millones fue el montante total de una operación que acabó con Iván De La Peña aterrizando como una autentica súper estrella en Roma.
En la Lazio comenzó deleitando a la hinchada, Eriksson le dio la batuta sin pensarlo 2 veces pero una inoportuna lesión lo cambió todo. Tras recuperarse no acababa de tener continuidad y fue cedido al Marsella.
En la ligue 1 sólo dejó detalles y en la vuelta a la Lazio le esperaba una sorpresa: podría volver al Barça a préstamo para intentar reencontrarse con la esencia de su juego…Tampoco pudo ser. En ningún momento se vio al Ivan que un día enamoró a todo el barcelonismo, seguían sus problemas físicos y su falta de minutos le supuso una nueva decepción. Los augurios no eran nada positivos. Se estancaba la carrera Iván De La Peña mientras que por otro lado Raúl se hacía leyenda en el Real Madrid, su rival generacional si había llegado a lo que apuntaba años atrás.
En el año 2002 se desvincula de la lazio y el Espanyol lo firma, una decisión que cambiaría la vida de Iván. De La Peña se convierte en el auténtico artífice del juego blanquiazul, vuelve a mostrar su magia y se convierte en el gran reclamo de la afición perica en cada partido, que espera sus mágicos pases y jugadas de genio con expectación.
Tras 9 temporadas, la vuelta de su gran némesis, las lesiones, le han hecho concluir antes de tiempo su carrera pero al menos ha podido disfrutar del fútbol como lo hacía en La Masia, cuando todos lo señalaban como un niño prodigio, abriendo un camino a talentos posteriores como Xavi, Iniesta o el nuevo niño mimado del Camp Nou, Thiago Alcántara. Los que amamos este deporte somos los grandes beneficiados. Iván De La Peña no ha llegado a donde apuntaba por circunstancias externas en su mayoría, pero lo que sí ha conseguido es que todos tengamos para siempre en el recuerdo, el gran talento que atesoró en sus botas y su gusto por el buen fútbol.
Por Fran Salas Balbuena
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